Por qué es necesaria la intervención de un nutriólogo en una patología como la fibromialgia?

La fibromialgia es una enfermedad crónica no degenerativa que afecta aproximadamente al 3% de la población mundial. La mayor parte de los pacientes que lo padecen son de género femenino.

Anteriormente, los médicos examinaban 18 puntos específicos del cuerpo de una persona para ver cuántos de ellos causaban dolor al presionarlos firmemente. Las nuevas pautas no requieren un examen de los puntos sensibles. En su lugar, la fibromialgia puede diagnosticarse si una persona tiene dolores generalizados por más de tres meses y no existe otra enfermedad de fondo que pudiera causar el dolor.

Si bien no existe un análisis de laboratorio para confirmar el diagnóstico de fibromialgia, el médico posiblemente quiera descartar otras enfermedades con síntomas similares. Los análisis de sangre pueden comprender:

  • Hemograma completo
  • Velocidad de eritrosedimentación
  • Análisis de anticuerpos antipéptidos citrulinados cíclicos
  • Anticuerpos reumatoideos
  • Análisis de la función tiroidea

La alimentación es una potente herramienta de salud, tanto para las personas sanas como para aquellas que tienen alguna patología que cursa con dolor crónico, como la fibromialgia (FM). Aunque esta enfermedad tiene como síntoma principal el dolor, también conlleva cansancio, disfunciones cognitivas, trastornos del sueño, alteraciones gastrointestinales, etc. Además de todo esto, las personas con fibromialgia suelen sufrir otras patologías relacionadas con la dieta como algunas intolerancias alimentarias, el síndrome del colon irritable y la obesidad. Todo ello está estrechamente relacionado con la alimentación, de manera que ésta tanto puede empeorar esos síntomas y propiciar otras patologías, como, al contrario, puede mejorarlos y mitigar o frenar la aparición de otros problemas de salud.


En la comunidad científica se reconoce que el tratamiento más eficaz para esta patología, como en casi cualquiera de carácter crónico, es el abordaje multidisciplinar, en el que no sólo se utilicen los fármacos, sino también la actividad física adaptada, la educación al paciente sobre su enfermedad, las técnicas de relajación, y la terapia cognitivo-conductual. Por el momento, el asesoramiento nutricional no está contemplado en los protocolos de tratamiento de la FM; sin embargo, a día de hoy, ya hay suficientes y sólidos conocimientos científicos que pueden aplicarse para ayudar a los pacientes. Eso sí, es muy importante que cualquier cambio dietético se haga basado en la evidencia científica, y teniendo en cuenta toda la situación particular del paciente (patologías, medicación, posibles intolerancias, etc).

En muchos estudios se ha observado que con la fibromialgia el organismo sufre unas alteraciones metabólicas que son de máxima importancia. Por un lado, hay un elevado estrés oxidativo y también un estado de inflamación crónica, factores que además se retroalimentan en una especie de círculo vicioso: cuanto más estrés oxidativo hay, más inflamación crónica se produce, y viceversa. En realidad, a día de hoy, todavía se desconoce si esto es causa o consecuencia, pero en cualquier caso parece claro que las defensas antioxidantes internas son insuficientes, que hay niveles bajos de minerales y otras sustancias antioxidantes y niveles altos de otras moléculas que son pro-oxidantes (que favorecen la oxidación) y pro-inflamatorias. Cuando hay mucha oxidación, el organismo acumula sustancias de deshecho de su propio funcionamiento y eso, junto a la inflamación, provoca alteraciones a nivel metabólico, endocrino, inmunológico e incluso neurológico. Además, es importantísimo tener en cuenta la relación entre ese estado de oxidación-inflamación y otras patologías, como la obesidad o el síndrome metabólico, y también las alteraciones a nivel de la función gastrointestinal e incluso de la microbiota intestinal (flora intestinal).

Recuerda que para cada persona existeun profesional de la nutrición. No hay que olvidar que la alimentación debe aportar día a día todos y cada uno de los nutrientes necesarios para mantener el buen funcionamiento de nuestro organismo; por tanto, es un factor crucial que no podemos olvidar, más todavía cuando padecemos una patología crónica.

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